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Una costumbre arraigada en varios países de Latinoamérica, donde las mujeres, si bien no pierden legalmente su apellido, adoptan culturalmente el apellido de su pareja al casarse. Pero esta costumbre está cambiando. La hija mayor de Patricia, de 52 años, jamás utilizó el de su marido. Y la menor, de 31 años, tiene claro que, si algún día se casa, conservará el propio y sus hijos tendrán un apellido compuesto, dado que ahora reside en Reino Unido, donde sólo se utiliza un apellido.
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Epyon, 10 years ago
La tendencia del mandilon